*War is over

jueves 24 de diciembre de 2009






Algún día de la semana pasada, de la semana pesada, me tocó sentarme al lado de un veterano de guerra en el Intrepid; estábamos a punto de ver un video de los ataques kamikaze. El señor era trabajador voluntario del museo y unos minutos antes lo había visto darle una visita guiada a su nieta. Muy entusiasta, le explicaba cómo aterrizaban y despegaban los aviones en el Intrepid, cómo tenían que bajar unas escaleras larguísimas hacia los motores y cómo dormía la tripulación.

A mí me sorprendía su amabilidad y la de sus colegas para atender a los visitantes. Todos habían estado en ese barco, ¿por qué no querían salir? Es como si toda su vida se redujera a los viejos tiempos a bordo y quisieran revivirlo a diario dando tours por la nave.

La amabilidad, digo, porque uno espera que todos aquellos que vivieron una guerra estén amargados y quieran olvidar. Me equivoco, entonces, pero no me equivoco en lo siguiente: quedaron locos.

Cuando me senté a la par del abuelo con los brazos tatuados (una mujer en bikini y un corazón flechado), supe que no estaba en sus cabales. No podía dejar de moverse, movía los pies y las manos, se arreglaba vehementemente el bigote, hacía sonidos con la boca, iniciaba una conversación de la nada, tenía la mirada perdida.

Lo lamento. Porque él jamás abandonó la guerra, para él no ha terminado, ¿y quién puede remediarlo? 
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Pero es Navidad, feliz Navidad.










*El tempus fugit en la música

miércoles 9 de diciembre de 2009


Ticking away the moments that make up a dull day 
You fritter and waste the hours in an offhand way 
Kicking around on a piece of ground in your home town 
Waiting for someone or something to show you the way 

Tired of lying in the sunshine 
Staying home to watch the rain 
And you are young and life is long 
And there is time to kill today 
And then one day you find 
Ten years have got behind you 
No one told you when to run 
You missed the starting gun 

And you run, and you run to catch up with the sun, but it's sinking 
Racing around to come up behind you again 
The sun is the same in a relative way, but you're older 
Shorter of breath and one day closer to death 

Every year is getting shorter 
Never seem to find the time 
Plans that either come to naught 
Or half a page of scribbled lines 
Hanging on in quiet desperation is the English way 
The time is gone 
The song is over 
Thought I'd something more to say 

Home, home again 
I like to be here when I can 
When I come home cold and tired 
It's good to warm my bones beside the fire 
Far away across the field 
The tolling of the iron bell 
Calls the faithful to their knees 
To hear the softly spoken magic spells








*Oopsy, I said f*ck

domingo 22 de noviembre de 2009

Me encantan las groserías, pero no me consideraría malhablada. No las uso mucho en público, sólo cuando es estrictamente necesario o cuando hablo con alguien de confianza.

Me gustan las groserías, pero no soy como esos alumnos igualados de la FFyL que al profesor le comentan:
"Al principio, todo es un desmadre, pero mientras avanza la lectura te vas dando cuenta de que la intención del personaje era... ¡chingarse a todos! ¡Ja, ja, ja!"

No, no. Yo no las uso nomás porque sí. Las uso porque en serio las siento. Cuando digo chingar, lo digo en serio; cuando digo imbécil, considero en serio lo que es la imbecilidad y las características tan similares que tiene mi insultado; cuando le llamo puta a alguien, ¡puta!, en serio estoy convencida de que es una nalgasprontas.

Hay una expresión que me fascina. La utiliza mi único y gran amor, K.F.C., cuando alguien o algo en serio, en serio, en serio está por la verga. ¡Qué frase tan rica! Enriquecedora, digo.

Desde chiquita, las groserías me parecieron fabulosas. Las agregué a mi vocabulario sin chistar.
Uno subestima a los niños, pero ellos son bastante lúcidos. Yo, por ejemplo, inconscientemente supe que las palabrotas eran auxiliares, eran puro énfasis y pasión; e intuitivamente supe que en boca cerrada no entraban moscas y que el pez por la boca moría. Así que, a mis tres años, aunque todavía no sabía hablar bien, se me ocurrió decirle a un tío parlanchín: "¡Cállate, penejo!"





Rima III

martes 3 de noviembre de 2009

No digáis que, agotado su tesoro, 
de asuntos falta, enmudeció la lira; 
podrá no haber poetas; pero siempre 
        
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso 
        palpiten encendidas, 
mientras el sol las desgarradas nubes 
        de fuego y oro vista, 
mientras el aire en su regazo lleve 
        perfumes y armonías, 
mientras haya en el mundo primavera, 
        
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance 
        las fuentes de la vida, 
y en el mar o en el cielo haya un abismo 
        que al cálculo resista, 
mientras la humanidad siempre avanzando 
        no sepa a dó camina, 
mientras haya un misterio para el hombre, 
        
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma, 
        sin que los labios rían; 
mientras se llore, sin que el llanto acuda 
        a nublar la pupila; 
mientras el corazón y la cabeza 
        batallando prosigan, 
mientras haya esperanzas y recuerdos, 
        
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen 
        los ojos que los miran, 
mientras responda el labio suspirando 
        al labio que suspira, 
mientras sentirse puedan en un beso 
        dos almas confundidas, 
mientras exista una mujer hermosa, 
        
¡habrá poesía!


G.A. Bécquer

**Todas las hojas son del viento**

lunes 2 de noviembre de 2009

Porque mis padres me cuidaron bien de niña y de grande también; porque procuraron siempre cuidar mi mente y crearon para mí los soles de enero que no existen acá en México; porque me alimentaron debidamente; porque después de hacerme, en verdad cambiaron su mente; porque mi gusto por las elevaciones no significa que no me hayan cuidado de drogas; porque jamás me reprimieron y me han dejado ser lo que he querido ser; porque me enseñaron que todas las hojas son del viento; por eso y por mucho más, los quiero y los recuerdo en este momento.





 
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